El narrador no fiable hace referencia a un narrador en primera persona que desautoriza su propio relato de alguna manera, rompiendo con lo que solemos recomendar con cumplir la coherencia del narrador. Es por eso que utilizarlo es complejo y no siempre sale bien, y a veces es con una lectura profesional como puedes identificar esas pequeñas fisuras que pueden surgir en la construcción de tu relato.
A decir verdad, algunos clásicos famosos del siglo XX contienen un narrador no fiable. Es, precisamente, el elemento de duda lo que atrapa al lector, siempre y cuando esté bien ejecutado.
Normalmente, sucede cuando el relato, escrito en primera persona, está protagonizado por un personaje que nos puede engañar por manipulador, por inmaduro o por confuso. No por falta de recursos, o por falta de técnica literaria; sino de forma deliberada y como reflejo de lo que es el propio personaje.
En realidad, toda primera persona es, de alguna forma, subjetiva y, por lo tanto, dudosa. No hay ninguna persona en el mundo que pueda relatar su historia o sus vivencias sin un sesgo personal. Pues supongamos, entonces, que el narrador no fiable hará lo mismo, pero de forma acentuada por ese carácter psicológicamente conflictivo.
A fin de cuentas, un narrador no fiable es un narrador cuya versión de los hechos no puede tomarse como totalmente verdadera o objetiva. El lector descubre (poco a poco o de golpe, a menudo por su forma de narrar) que lo que cuenta está distorsionado por mentiras, recuerdos erróneos, locura, inmadurez, egoísmo o simple desconocimiento.
Para qué se usa el narrador no fiable
Lo interesante es que el lector tiene que “leer entre líneas” y reconstruir la verdad real. Que sabe, casi desde el inicio, que lo que el personaje le está contando es demasiado subjetivo. Esto puede provocar, por un lado, que odie o rechace al narrador/personaje y, por otro, precisamente eso sea lo que más lo atrape a la historia el relato.
Por supuesto, para lograr un buen narrador no fiable, la técnica de escritura y la coherencia deben ser dos aspectos que el autor debe dominar muy bien. Este tipo de narrador se utiliza, por tanto, para lo siguiente:
- Crear misterio.
- Sorprender con giros.
- Mostrar psicología compleja.
- Hacer que el lector participe activamente.
- Cuestionar la idea de “verdad”.
Tipos de narrador no fiable
- Mentiroso → oculta información o engaña.
- Confundido → no entiende lo que ocurre.
- Problemas mentales → paranoia, obsesiones, delirios.
- Inocencia o inmadurez → interpreta mal situaciones adultas o complejas.
- Prejuicios → cuenta una versión sesgada.
Tres novelas que utilizan un narrador no fiable
El tambor de hojalata, de Gunter Grass: Uno de los narradores no fiables más famosos de la literatura del siglo XX. Oskar Matzerath cuenta su vida desde un sanatorio psiquiátrico, y desde el principio ya hay motivos para desconfiar de su relato: afirma que a los tres años decidió dejar de crecer voluntariamente y mezcla recuerdos, fantasía, exageración y hechos históricos reales.
Nunca queda del todo claro qué partes son simbólicas, cuáles podrían ser reales y cuáles son invención de Oskar. El libro no lo utiliza solo para crear misterio, sino también para satirizar la sociedad alemana, cuestionar la memoria histórica y mostrar cómo se deforman los recuerdos colectivos tras una guerra.
Esta novela suele estudiarse como un ejemplo clásico del recurso.

Lolita, de Vladimir Nabokov: Humbert Humbert intenta justificar su conducta y manipular al lector para parecer sensible y romántico, aunque lo que cuenta es profundamente perturbador.

American Psycho, de Bret Easton Ellis. Nunca queda claro qué parte de lo narrado ocurrió realmente y qué es fantasía o delirio del protagonista.

Aunque estos son algunos de los ejemplos más evidentes, en la literatura actual también surgen títulos con narradores no fiables evidentes, como con el exitoso thriller psicológico La chica del tren, de Paula Hawkins, donde la protagonista y narradora se empeña en mostrar la veracidad de su testimonio ante un asesinato, pero su relato se ve condicionado por sus problemas de consumo.
Los ejemplos actuales mejor logrados son, por lo general, thrillers psicológicos. Es, jugando con la mente del narrador y también del lector, como se logra ese juego de no saber qué es cierto y qué no, y no hay mejor forma que hacerlo con tramas oscuras. Perdida o La furia son algunos de los ejemplos más evidentes en literatura contemporánea.